Hay dos motivos de que estés leyendo estas líneas. El primero es la petición popular, y eso no se puede ignorar nunca. A algunos de vosotros os pareció interesante el anterior post, y siempre hay pensamientos nuevos que se pueden convertir en la parte II de lo que, quién sabe, a lo mejor llega a ser una trilogía más pronto que tarde. El otro motivo, no menos importante, es que yo mismo dije que lo haría si nos volvíamos a ver, así que como me debo a mi escaso público y a mí mismo, veamos qué sale de aquí.
Las segundas partes, y las que vienen después, tienen un propósito. Sirven para confirmar si la idea original salió bien de casualidad o es en realidad consistente. Incluso en casos como Terminator II, sirven para demostrar que las segundas partes pueden ser una versión muy mejorada de la primera. Pues el pasado sábado 27 de diciembre tuvo lugar la segunda parte (al menos para mí) del reencuentro Salesiano de la promoción del 82, y si estoy escribiendo esto ya en 2026 no es porque no haya tenido ganas, sino porque las vacaciones navideñas fueron muy intensas y simplemente no ha habido tiempo.
Como parece que viene siendo tradición, el plan fue previa-comida-tardeo-cena-fiesta-y-lo-que-surja (si es que se puede poner ese nombre tan poco comercial), y como en cualquier segunda parte, los saludos tipo «¡Hombre!» o «¡Buahh, no te recordaba!», «¡Dios, estás igual!», o similares, ya no han tenido lugar. Solo un poco con las nuevas incorporaciones que no habían podido asistir a la primera convocatoria, y por supuesto, después de la novedad de la primera vez, y como el agua que se amolda al lecho del río, los grupos de antaño en gran medida volvieron a surgir. Nada de barajar las cartas y tener conversaciones con cualquiera. Donde no había mucha sintonía, ahora queda la cordialidad que nos da la edad, pero nada más, lo cual está bien. Pero he de decir que esta segunda parte ha sido buena, al menos para mí, para confirmar que en ese territorio inexplorado hasta el momento de compañeros con los que jamás había tenido relación, hay personas que ha merecido la pena conocer, aun siendo un cuarto de siglo después. Un período de tiempo que ha servido para que pasásemos de hablar sobre el plan del sábado por la noche a conversaciones más profundas y filosóficas sobre la educación de nuestros hijos, la familia en general o los estragos de la edad (y entre medias, las tonterías de siempre, que nunca se deben perder).
Bien, intro lista. Ahora la reflexión de verdad. La anterior vez mencioné de pasada el tema de la franja de edad que todos compartimos los siervos de Don Bosco. Para muchos no es algo relevante porque habéis estado juntos desde que apenas sabíais sonaros los mocos, pero para gente como yo, y muchos otros, que hicimos los tres años de Bachillerato y COU, puede que se vea más claro lo que pasa entre los quince y los dieciocho años aproximadamente. A día de hoy, si se me plantease la idea de hacer un reencuentro con los compañeros de la facultad, no tendría demasiado interés. Para empezar, poco iba por clase. Pasaba más tiempo en la cafetería del campus con colegas de Física que otra cosa, así que lo que se dice colegas de verdad en mi promoción, no tenía. Y si hablamos de la etapa de EGB, pues no estuvo mal, pero creo que no estaría expectante ante un posible reencuentro.
Todo esto tiene, por supuesto, una explicación científica, y ya que soy un hombre de ciencia (aunque parezca lo contrario), me gusta aportar datos para los más escépticos. Nuestro BUP y COU fue la etapa de la adolescencia tardía. En esa franja de edad es cuando nuestro «yo» se establece. Los gustos que entonces teníamos, probablemente se mantengan hoy, y gracias a eso espero que odiéis con todo vuestro ser el maldito reggaetón. Nuestra capacidad de introspección se desarrolla, y nos cuestionamos todo. Las relaciones personales pasan de ser «juego con quien se presente» a «solo juego con esta gente que es con la que realmente me encuentro bien». Hacemos criba, y de paso, la versión adulta que todos hemos podido ver recientemente, acababa de salir del concesionario nueva y reluciente cuando nos pusieron el pin y nos fuimos después cada uno por su lado igual que hacen las bolas de dragón tras formular los tres deseos.
A partir de ese momento y hasta los veinticinco años, nuestro cerebro siguió creciendo, aunque de otra manera. Lo importante, gente, es que en parte hoy sois quienes sois porque entonces compartimos clases, copas y a lo mejor otras cosas. Porque hicimos el Camino de Santiago y fuimos a Lloret de Mar (en el autobús de Bernardo) y todo nos la pelaba, hablando mal. Por ese motivo hablábamos Clara, Borja y yo (todos Pérez) acerca de retroceder en el tiempo y darle una bofetada a nuestro yo de entonces para que espabilase. Eso está muy bien como idea, pero no hubiera servido de nada. Acabo de decir que nos la pelaba todo, y cuando viésemos venir a ese señor que se parecía a nosotros, o nuestro padre o madre desde un agujero de gusano desde el 2025, nada habría cambiado en nosotros porque todo debía ser como fue. Creo que hubiera sido más sensato decirnos que comprásemos unos cuantos Bitcoins.
¿Qué, ya habéis tomado consciencia de lo importante que fue todo? ¿De lo relevante que fue nuestra adolescencia tardía? Por ese motivo salió bien la primera entrega del reencuentro, y la segunda parte fue un Terminator II en toda regla. Por eso mismo se huele una tercera parte, pero vamos a tener que elegir otra franquicia para poner el ejemplo, porque con la tercera de Terminator todo se empezó a ir por extraños derroteros.
Ahora solo queda una cosa, y es pensar en que quizás si hay tercera entrega, a muchos no nos importaría repetir. Siempre quedan cosas por decir, sean tonterías o no. Por supuesto, agradecer al comité organizativo de los eventos, que todos sabemos, han sufrido mucho tomando decisiones cruciales entre comidas aquí y allá. De igual manera, agradezco sinceramente haber podido veros a todos. Ojalá podamos tomar unas birras de nuevo, o copas. Bailar un poco, bachata a poder ser, contarnos más cosas y darnos besos o abrazos según corresponda. Puestos a ser exquisitos, si fuese en temporada de más calor, sería estupendo, aunque como Navidad no hay otra época del año para asegurar que todos los huevos están en la misma cesta. Por este encuentro y otros motivos distintos, estas fiestas han sido las mejores en mucho tiempo para mi, y ojalá lo haya sido para vosotros también. Ahora toca coger el radar y a buscar las bolas de nuevo. Las ponemos juntas, pronunciamos las palabras mágicas y… Fiesta.
Viva Don Bosco.




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