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Vuelve a tocar sacar a la palestra el que puede que sea uno de mis temas favoritos. Además, hace ya tiempo le dije a alguien que cuando volviese a hablar de familia, se lo haría saber, así que debes estar ahora leyendo estas líneas.

Sucede una cosa con las personas con quienes uno ha crecido, ya sean parentescos más cercanos o menos, pero sobre todo con los directos. Se crea un vínculo que emocionalmente estará ahí para siempre vaya la cosa bien o mal. Es por eso que me quiero concienciar profundamente de que el día de mañana, cuando mis hijos deseen hacer su vida y cometer sus cagadas como todos hemos hecho, no podré hacer otra cosa que no sea observar y apoyar y luego, en función de cómo haya ido la cosa, celebrar con cervezas o consolar con una pizza casera. Nada de Tarradellas ni veneno similar, por mucho que la publicidad nos quiera convencer de que son el mejor consuelo ante las derrotas. En caso de querer forzarlos a que vayan por el camino que creo más conveniente, mientras sus mentes terminan de desarrollarse, terminarían por deducir acertadamente que su padre es poco conveniente y acabarían aburridos de mi, y eso no puede suceder. En mi caso particular, SÉ (en mayúscula) de qué hablo.

A todo esto, hoy venimos de aquí. Una noticia de sociedad / corazón que tiene algo de especial, y no por ser sobre el primogénito de los Beckham. Es por la decisión de éste, aparentemente contra natura, de mandar a freír espárragos al resto de su familia directa. «Según su versión de la historia, sus padres lo han intentado manipular y controlar» dicen los medios. Vaya locura incomprensible, ¿eh?. La mayoría de las personas pensarán, o pensaréis que el chaval es un bala perdida, que se ha juntado con gente de dudosa reputación o que (redobles) su mujer le ha comido la olla y es la mala de la película. De esto también SÉ. Y esta noticia me suena bastante creíble porque al chaval le veo cara de buena gente. Algo tan científico como eso, si.

¿Qué sucede entonces con estos entornos familiares que llegan a convertirse en algún tipo de grupo de culto que pretende mantener una imagen o un prestigio o sabe Dios qué, caiga quien caiga? Pues si la respuesta más evidente es «evitar que sanguijuelas externas se aprovechen del patrimonio familiar», os diré que esa respuesta es incorrecta. Sucede en familias de andar por casa también. El fondo del asunto tiene que ver con el alto concepto de sí mismo que puede tener uno de los máximos responsables de la unidad familiar, o los dos. Algo que solo sucede en su imaginación impulsado por tendencias manipuladoras, psicopáticas u otras similares. Es común que uno de los dos tenga este «desajuste», y el otro, por aburrimiento o cansancio, trague, si quiere seguir formando parte del culto. Eso da igual. Lo importante es que en el caso de los Beckham, este chaval parece que acabó un poco hasta el moño de querer ser controlado por sus padres, de experimentar intentos de sabotear su relación con su pareja y gestos del todo inapropiados. Esto sucede por decir que no a algo que el culto cree que jamás debe ser cuestionado. Un poco inquisitivo, lo sé. Pero es algo que sucede y más de lo que parece, y poco se habla sobre el tema.

Lo interesante que tiene este caso es que es una familia en la que hay pasta hasta decir basta. El dinerillo puede hacer en ocasiones que los vástagos se suenen los mocos con billetes cuando lo pasan mal por las tendencias controladoras y manipuladoras, pero este chaval, que seguro que no tiene problemas de dinero en absoluto porque se mueve en otro círculo distinto a los humanos estándar, ha renunciado a todas las comodidades y lujos e imagen de «marca» que la familia Beckham le podía otorgar a cambio de algo tan poderoso, desconocido y a la vez poco valorado como la libertad. Y estoy seguro de que la pasta es lo último que le importaba. El hecho de tener que aguantar comentarios o sutiles acciones enfocadas en que nadie se salga de la vía señalada es algo realmente agotador, igual que llevar unos zapatos media talla más pequeña. Es una presión y una angustia complicada de explicar con palabras, y encima no es fácil de hacer desaparecer porque no es como si un simple conocido se pone en modo inaguantable / petardo. A ese se le pasa la factura y se le indica dónde está la puerta para salir y a correr. Pero la familia tiene ese vínculo invisible que hace que si te sale buena, supongo que será un placer, pero si sale como sale a veces, es una bola de esas que los presos llevaban anclada al tobillo. No es sacar la tijera y cortar el hilo como con las etiquetas de un pantalón nuevo. Sería coger una lima como los presos y empezar a darle duro al grueso eslabón durante, a saber cuánto tiempo.

Toda esta película me hace darle muchas vueltas a la cabeza a cuál debe ser el verdadero papel de las personas con quienes compartimos lazos de sangre (aguas arriba). Lo que tengo claro es que si una pareja tiene claro que lo que quiere crear es una especie de «marca» o «institución» que nadie debe cuestionar, tal vez tener hijos no es la mejor de las opciones. Los hijos son personas que llegado un momento tendrán derecho a opinar hacia afuera, pero también hacia adentro. Pero sobre todo, no son extensiones de nadie, ni son controlados a través de un imaginario cordón umbilical que nunca se cortó. Harán cosas que quizás vayan en contra de ciertas ideas alojadas en mentes cerradas y reforzadas con hormigón armado. Quizás quieran simplemente hacer su vida y compartirla con su gente, y esta gente a veces se empeña en querer hacer ver que esa ropa no es la adecuada, esa profesión que has elegido no es lo suficientemente prestigiosa o esa persona con la que vas a hacer tu vida no es lo suficientemente sumisa como para poder ser absorbido/a por el culto.

Realmente creo que aunque sea en escalas mucho menores, en todos lados cuecen habas. No existe la absoluta armonía en ninguna familia. Se conocen casos como los de hijos de celebridades por motivos obvios, lo cual es algo bueno porque de pasarle a los vecinos del sexto, a nadie le importaría. Por otra parte, envidio sanamente a familias que se juntan cuando sea, y todo va como la seda entre platos de comida, copas de vino y bizcochos, igual que ocurre con partes de mi familia ajenas al culto (cada vez con menos miembros) con quienes me siento como en casa, lo cual es un alivio a nivel emocional, porque me hace ver que quizás no esté tan loco como pensaba.

Como último mensaje diré, arriesgándome a parecer un talibán del modelo familiar (el cual defiendo fervientemente), que si alguien está en esa situación en la que las cosas no encajan, y quienes más deberían apoyar son quienes más (perdón por la expresión) tocan las pelotas, siempre está la opción de darse de baja, porque nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho a colocarnos unos hilos en las extremidades y movernos cual marioneta. Ahí, los límites de la familia están, sin lugar a dudas, y sea cual sea la creencia popular, más que sobrepasados.

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