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Existen ciertas cuestiones que algún día quizás puedan ser resueltas como «¿Quiénes somos?», «¿De dónde venimos?» o «¿Adónde vamos?» y otras similares relacionadas con el cosmos, el inicio y el fin del universo, pero hay cosas más mundanas que igual no están claras del todo, y de las cual deberíamos preocuparnos primero. Por ejemplo, de si esa imagen que tenemos de países aparentemente subdesarrollados en donde en los noticiarios se habla de que las vacas se caen a los ríos y los autobuses se despeñan por ir por caminos escabrosos por las montañas está alejada de lo que tenemos en España, o quizás estamos cerca de poder ser catalogados ya como una República Bananera.

El término, por lo visto, fue acuñado a inicios del siglo XX por O. Henry, un humorista y escritor que pasó etapas de su vida en Honduras por haber sido acusado de malversación de fondos en Estados Unidos. En el país centroamericano descubrió una realidad que se repetiría en otros del entorno, y que pasaba por grandes corporaciones haciendo dinero de verdad con la exportación de bananas mientras los intereses de la población pasaban a ser el último elemento en la lista. Por supuesto, esto generaba corrupción, poco respeto por las reglas y un largo etcétera de comportamientos o pensamientos que quizás nos empiecen a sonar un poco, y no de oídas. Por cierto, no tenía ni idea del origen de la expresión, así que lo busqué exclusivamente para ponerlo en este artículo. Pero podía haberme hecho el intelectual y todo.

Por supuesto, habrá alusión en este texto a los fatídicos eventos relacionados con el accidente ferroviario en Adamuz. Y como pasa siempre que algo sucede tanto fuera como dentro del país, los platós se llenan de los expertos que hoy saben de una cosa y mañana saben de otra que no tiene nada que ver, como si fueran ministros. De paso, todos nos convertimos unos expertos en riadas, incendios, derecho internacional, apagones o lo que ahora toca, materia ferroviaria.

Ya ni merece la pena que me ponga a despotricar sobre un partido u otro. A mí eso me da realmente igual. Esto mismo podría haber pasado con el partido azul, porque el rojo y el azul ya no son colores tan distintos desde hace mucho, mucho tiempo. Más ben, hay una mezcla de ambos que da lugar a un marrón y ya sabemos qué hay de color marrón y no huele demasiado bien. No, esto va sobre un pensamiento que me vino a la cabeza cuando, como mucha otra gente, me fui enterando poco a poco de los mecanismos disponibles en la red ferroviaria en nuestro país enfocados a la prevención y aviso en caso de que algo malo ocurra, como ha sido el caso.

En mi mente surgió el siguiente pensamiento: A ver, desde la Expo del 92 existe la línea de alta velocidad más antigua, y desde entonces ha llovido varias veces. Todavía faltaban 15 años para que saliesen al mercado los smartphones. Los sistemas de monitorización de trenes puede que no fuese la cosa más importante del mundo porque había pocos trayectos activos, poca demanda y quizás con un sistema rudimentario la cosa bastaría. Cuando digo rudimentario hablo de lo que un experto explicaba en Horizonte hace no mucho. Esto es, que mediante un mecanismo basado en relés se comprueba si el eje en el bogie del coche (lo siento, no puedo decir vagón porque trabajé para un fabricante de trenes y el término más aceptado es coche) hace cortocircuito entre las dos vías, y así, en segmentos de unos 3 kilómetros, se puede saber si hay un tren ahí o no. Esto significa que en el centro de mando debe haber un panel enorme con puntos rojos (supongo) que representan la presencia de trenes (o de una barra de hierro que va de un raíl al otro puesto por cualquiera) pero no se sabe la posición exacta ni la velocidad. Luego al pasar al siguiente segmento, el punto se mueve y ya. Vamos, con el nivel de tecnología del antiguo juego del comecocos.

Como sucede tristemente en nuestro querido país, solo se rasca en cualquier temática cuando hay desastres. Entonces es cuando nos enteramos de todos los entresijos de lo que toque hablar, pero sobre todo, y más importante, somos conscientes de la manera tan pobre que tenemos de mantener el país hablando de manera general. Para poner un poco en perspectiva todo, diré que cuando en España se inauguró el AVE, China era ese país que solo servía para fabricar cacharros plasticosos de mala calidad, copias burdas de otras marcas, y la ropa de Amancio. Aun recuerdo mi primera compra en Aliexpress. Pensaba que había perdido el poco dinero que me había gastado, pero después de dos meses tenía mi pedido en el buzón. En fin, que me voy. Pues ahora China tiene una red ferroviaria acojonante, fabrica coches que aunque no me gusten ni me inspiren confianza, se venden casi mejor que los europeos, e incluso le está dando a la robótica o a la carrera espacial de una manera que en nuestro país solo podemos soñar. Y esto es así porque tenemos una lamentable mentalidad cortoplacista. Somos incapaces de hacer un guiso en condiciones, porque se tarda horas. Aquí solo se hacen filetes y patatas fritas, o cosas peores. Las carreteras son patatales, hablando de patatas. Las vías del tren, como hemos visto, son una ruleta rusa, y no quiero pensar en las cosas que están por ahí a punto de romperse sin que nos demos cuenta.

Va siendo hora de responder a la pregunta, ¿no?. Por supuesto que vivimos en un país bananero. Además, el proceso de «enbananizamiento», si es que existe esa palabra, se va acelerando poco a poco. Hay que tener en cuenta que estas palabras vienen de alguien como yo que la política le interesa como ver llover. Lo que pasa es que están pasando tantas cosas en los últimos meses y años que parece como si estuviésemos dando vueltas a un agujero negro a punto de llegar al horizonte de sucesos. Más bien, un sumidero lleno de suciedad y pelos, que el agujero negro es demasiado glamuroso.

Pienso también que, igual que los ciclos existen, poco se puede hacer para que nuestro país pase de un nido de corrupción donde hay saunas misteriosas, chistorras, armas de fuego en los bajos de las sedes de partidos mafiosos políticos, simios saqueando a costa de convertir la línea ferroviaria en el tren del terror típico de un parque de atracciones (pero sin gracia), a un lugar en el que haya una especie de conciencia para ser algo más que el rincón del ocio europeo. Porque eso es exactamente en lo que nos estamos convirtiendo. La mitad de mis compañeros alemanes ya tienen casi el carnet de socios en Mallorca, y lo mismo que ellos, gente de otros países menos bananeros que el nuestro, por el sol, la comida o la gente, vienen a beber cerveza y comer paellas. Si esto me toca la moral es únicamente porque sé que en el fondo tenemos potencial. Los españoles tenemos nuestra idiosincrasia particular y en ella hay muchas cosas positivas, y lo más importante es que nadie nos chulea salvo nosotros mismos. Lo que ocurre es que esta regla está empezando a reventar por todas las esquinas y por momentos creo que es mejor que nos chulee otro que tenga mejores ideas para poder hacerse rico al mismo tiempo que nos beneficiamos de alguna manera igual que las rémoras de los restos de que se escapan de la boca del tiburón.

Si, amigo. Nuestro querido país es bananero. Lo que ocurre es que los interlocutores del régimen van de traje y parecen ser listos, e incluso la gente tiene discusiones acaloradas para decidir si uno es mejor que el otro. Error. Recordemos el color marrón explicado más arriba. Y seguirá siendo bananero mientras haya tanta gente que siga rascando las espaldas de quienes les han puesto a trabajar en algún observatorio absurdo por hacer nada, o parásitos que solo quieran vivir de pagas pudiendo hacer algo productivo de su vida. La vaca se está quedando sin leche, colegas, y en este punto quizás el fuego esté tan extendido que ni todos los extintores del mundo podrían hacer algo por salvar los muebles. Solo hay que ver la mierda que hay debajo de la alfombra con el tema de Venezuela y ex-dirigentes socialistas para hacernos una idea de en qué nos podríamos llegar a convertir. Esto es algo que hace años, cuando estaba menos informado que ahora si cabe, me parecía una paparrucha, pero viendo cifras, datos, noticias, y sobre todo, siendo consciente de la ingente cantidad de millones que se gasta en mantener a un país que parece que se cae a trozos, estamos yendo por una ladera cuesta abajo que termina en un despeñadero.

Pero no nos preocupemos, que los progresistas que quieren reemplazar españoles por gente de otros países convertidos a españoles están a punto de hacer el movimiento definitivo que nos volverá a encarrilar de nuevo. Ummm, no, encarrilar es una expresión inadecuada viendo cómo está el tema. Y sobre todo, y ahora sí recalco que enciendo el modo ironía, no escuchéis a eso fachas de ultraderecha. Ni los miréis a la cara, que puede que os embrujen, os agiten, y de paso, os cuenten un bulo. Venga, modo ironía apagado.

Como mensaje positivo diré que igual que no se puede salir de una mala situación sin dolor, todo volverá a su cauce de alguna manera, porque siempre funciona así. Lo que pasa es que los ciclos son largos a veces y no se ven las cosas con perspectiva. Quien hoy domina, mañana puede ser un cualquiera, y viceversa.

Os deseo un buen fin de semana si ahora mismo es viernes, y un feliz día cualquiera de la semana en otro caso.

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