No tengo claro si lo que hoy voy a comentar ya sucedía tiempo atrás. Cuando mis padres o los vuestros hace cosa de cuarenta años, ya estaban al loro de todo lo que ocurría en el mundo (o de lo que se contaba en la tele y los periódicos, que eran las únicas fuentes de información) y comentaban la jugada con familia y amigos. Lo que sí tengo claro es que tradicionalmente los temas tabú eran fútbol, política y religión. Hoy en día, quizás por las modernidades de las que disfrutamos y que pueden ser en parte el origen de esta famosa polarización, todo, sea o no política, termina siendo política. Con lo cual, cualquier asunto a comentar entra dentro del tricornio maldito mencionado antes.
Lo que percibo en el día a día es que, intentando salir del monótono tema de «qué tal los niños y sus clases, o las actividades extraescolares, los cumpleaños, o si va o no a llover», entre otros asuntos sin chicha, cada vez que se plantan temas de actualidad (y vamos aponer sobre la mesa el tema Ceutí, que es súper interesante), como que la incomodidad se puede casi palpar en el ambiente. Esto es algo que no alcanzo a entender. He mantenido conversaciones con gente en los últimos meses, por supuesto meando fuera del tiesto manifestando lo que creo acerca de asuntos migratorios o de todas las corruptelas que han ido surgiendo como setas últimamente, y casi siempre termina todo acomodándose en el apacible terreno de los temas banales, o los agobios personales de uno o de otro.
Existe una especie de temor o pereza a manifestar una postura respecto a cualquier tema no banal por eso de no crear mal ambiente o sencillamente por pensar que la otra parte piensa lo contrario y no tiene razón. Para muestra, vamos a poner el excelente ejemplo de lo que sucede en Ceuta últimamente. Y lo voy a usar para ejemplificar el tema de hoy porque es algo bastante palpable y no es como temas de imputaciones por supuestos delitos de malversación y otras tramas que pueden ser justificadas como «lawfare». Y es importante, sobre todo cuando hablamos simplemente de debatir temas, tener unos puntos mínimos que podemos dar por sentados. Es decir, alguien puede pensar que los mantenimientos de las vías estaban al día y todo ha sido casualidad, o que Zapatero realmente es el nieto de Cleopatra. Puede que lo sea, quién sabe. Debatir ese asunto con quien lleva toda la vida votando a los socialistas sin recordar por qué, es complicado, y no tenemos papeles o evidencias que nos ayuden a esclarecer nada. Pero este asunto territorial, a no ser que todo lo que vemos en la televisión esté generado por IA, lo cierto es que ha habido una buena horda de gente que se nos ha colado hace algo más de un mes haciendo que la vida de los habitantes de Ceuta se haya convertido en un infierno. Es algo que supongo, nadie puede negar.
Pues sobre este asunto no puedo decir que haya encontrado gente que me hubiese intentado convencer de que en la escala de prioridades está primero atender a esos pobres que han venido a nado buscando una vida mejor, pero sí ha habido momentos en los que he percibido algo de rechazo a comentar el asunto, lo cual ya es bastante extraño. Parece que hemos perdido ya no el más básico sentido patriótico, sino la voluntad de poner el grito en el cielo por cosas importantes. Al final me encuentro a mi mismo escuchando agonías por temas que ni me parecen relevantes, pero eh, no me saques el tema de Ceuta que eso es política y podemos tenerla. Diría incluso que se ha desarrollado una mentalidad complaciente con temas realmente importantes como este, que hace que en lugar de dar un golpe sobre la mesa (a nivel de coloquio en el parque, por supuesto) busquemos una justificación por la que otros gobiernos o el nuestro propio nos estén claramente -hablando en plata- meando en la cabeza.
Queda claro que, o bien las ideas de quienes nos venden a trozos (los llamados progresistas) ha calado tan hondo que de manera insonsciente ya nunca creemos que como españoles tenemos la razón y nos están (perdonad de nuevo por la expresión) jodiendo, o bien, que lo que el informe PISA refleja está haciendo mella en la sociedad y ya empezamos a tener el intelecto de una acelga. ¿Cómo puede ser que no hay aunanimidad en este asunto no siendo una parte interesada? Luego nos quejamos de los okupas, pero esto es infinitamente peor. Nos han montado poblados enteros con chabolas y mafias con machetes cometiendo altercados día tras día. Me gustaría saber dónde están las feministas ahora para quejarse de maldades que ni quiero nombrar que se están produciendo recurrentemente en Ceuta. Ah, espera. Que levantar la voz sobre este tema va en contra de las directrices del jefe. Entonces mejor no se dice nada. Cuando no suceda nada especial pero toque una manifa bien multitudinaria, se hace sin problema.
La pregunta es, ¿Alguien se imagina en la edad media un reino siendo invadido por ochenta mil personas y que el rey consultase a su círculo de confianza y estos le dijesen algo como: «bueno, majestad, hay que hacer filiación ordenada de toda esta gente, y luego ayudarles a que tengan un futuro»? Más aun cuando muchos de ellos están molíendose a palos entre ellos y a los aldeanos de tu propio reino. Me da que en ese caso (y es solo una suposición), un regimiento saldría del castillo a caballo y espada en mano a defender sus fronteras con uñas y dientes. Pero en nuestro caso las espadas no las tenemos nosotros, y el rey… bueno, me gustaría pensar que tiene una utilidad real pero el nuestro no es de los que puede enviar a la caballería.
Al final me he enredado en el tema de moda, lo siento. Es que como no puedo debatir por ahí asuntos como la defensa de nuestro territorio, llego aquí y como no hay nadie delante, se me va un poco. Voy a tener que lanzarme a la piscina y sacar el tema por ahí tratando de que ese sentido combativo salga de su letargo. Pero va a ser complicado me temo. Al menos puede que hablando de temas prohibidos alguien ya no quiera saber de mí. Ahora que lo pienso, tampoco me lo tomaría como algo negativo. Cuanto antes se descubra el pastel, mejor.
Y no se olviden de dejar en sus comentarios su opinión al respecto, sea cual sea. Nos leemos en la siguiente.




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