Por fin algo de lo que puedo hablar con conocimiento de causa. Soy hombre y sobre el papel debería saber sobre masculinidad. No, espera. Estoy equivocado. Soy la persona menos apta para hablar de como debe ser un comportamiento masculino aceptable, porque perteneciendo a mi género tengo la mirada condicionada y mi opinión es cuanto menos de dudosa validez. Pero tranquilos, y sobre todo, tranquilas. El gobierno (actualmente socialista, pero podría suceder con cualquiera, y sería igualmente irrisorio) llega al rescate a lomos de un caballo (¿o será de una llegua? no estoy seguro de cuál es la opción más apta) ondeando la bandera que anuncia el inicio de un curso que nos va a salvar a todos. Se llama «Masculinidades deseables en el contexto de crisis eco-social«. Quitando lo de eco-social, que no lo acabo de entender, lo anterior al menos tiene cierto sentido, los 50k (que no kilómetros) que va a costar al menos servirá para contentar a alguien que vive por aquí cerca, en principio. No todo iba a ser malo.
Lo que me sorprende en parte de esta maravillosa iniciativa es que se imparta ahora que parecía que todo este movimiento de ensalzamiento de lo femenino y la degradación de cualquier cosa que recuerde a lo masculino estaba en sus últimas horas. Me gustaría saber cuánta gente acudirá a la Complutense de manera genuina porque piensa de verdad que es «urgente» (como recoge la noticia) ilustrar a los hombres para que pongan su granito de arena en esto de avanzar socialmente. Y algo que me ha llamado la atención, y que viene recogido en este fragmento del artículo que he enlazado:
Por otro lado, argumentan la necesidad de este curso para crear «un espacio de debate y reflexión colectiva en torno a masculinidades» y ante «el auge de la reacción antifeminista».
Vamos a ver. No voy a negar que exista (y siempre existirá) un porcentaje de individuos que no regulen como gente normal. Digo individuos porque en este saco no hay distintivo de sexos. En ambos bandos hay elementos a quienes hay que darles de comer aparte. Dudo que pueda reducirse a cero algún día. Lo que sí se puede hacer es ofrecer una educación de calidad, y eso es precisamente lo que escasea hoy, y queda patente viendo como los niños de cinco o seis años se comportan en los parques. Este tema es para otro día quizás.
Tampoco diré que me extraña que exista un auge en la reacción antifeminista, y este maravilloso curso es lo peor que se puede hacer para mitigar ese movimiento. En los últimos años, se han empleado tretas con fines partidistas orientadas a dar la impresión de que a las mujeres se les devolverían todos los derechos que habían perdido. Las calles llenas de vez en cuando de manifestantes que no son capaces de dar ejemplos concretos de discriminación dan buen ejemplo del primer tema (la educación), y sobre todo, de la falta de criterio. Si echamos la vista atrás, la época en la que el hombre iba con traje y corbata a la oficina y la mujer salía de casa a llevar a los niños al cole para después pasarse por la carnicería y más tarde hacer la comida ya desapareció. Solo podemos ver tal cosa hoy en los capítulos de Doraemon. En aquella época, de todas maneras, no se hablaba tanto del asunto. Hoy sucede algo más absurdo si cabe. Todo el mundo en casa trabaja, nadie hace la comida, los niños son a veces cuidados por otra gente. Siempre con la lengua fuera y sin tiempo para nada (ni para el cónyuge ni para los hijos ni para uno mismo). Este cambio de modelo implica, por un lado lo que acabo de contar, y por otro, que como nadie tiene por defecto asignaciones de tareas, los miembros del núcleo familiar son igualmente responsables. Gente, se terminó eso de decir que el hombre ayuda en tareas de casa. Los dos se reparten tareas y ya. Todo el mundo hace de todo, pero al mismo tiempo nadie hace nada. Al menos antes los chavales siempre tenían con quien estar (y no digo con esto que el desarrollo de carreras profesionales debiese recaer siempre del lado del hombre). Además, y ahora metiéndome en terreno pantanoso: ¿Quién ayuda a quién en caso de que convivan dos hombres? A ver, que alguien me lo diga.
A pesar de todo este cambio de modelo familiar, donde nadie tiene tiempo de nada, hemos escuchado por mucho tiempo la turra de ciertos partidos sacando la bandera de la igualdad entre comillas. Todo llegó a tal punto que ser hombre ya era (y en parte aun es) sinónimo de no tener presunción de inocencia. Tenemos las de perder en muchos sentidos. Que alguno se cruce con una desequilibrada que quiera aprovecharse y está jodido. Sí, aquí soy específico en los géneros. Y para decirlo todo, cuando un hombre se comporta como un energúmeno, el sistema VioGen ya demostró no ser ni de lejos lo útil que debería. Sucede lo de siempre. Cuando se hace una excesiva fuerza para revertir una situación, sin darnos cuenta, la balanza está muy inclinada hacia el otro lado y lo que antes era un problema, ahora es otro problema distinto. Ahora muchos jóvenes no saben ni relacionarse. Cuanto menos ir a ligar por ahí un jueves noche. Eso es super peligroso. Mejor una app de citas que es mucho más seguro. Se ha generado un mecanismo tan desequilibrado que ya constituye una traba para algo tan social y biológicamente necesario como ir por ahí a tirar fichas. Ser rechazado o tentado nunca fue un problema, era parte de la diversión.
Al menos hace un par de años, en torno al 70% de los jóvenes tenían miedo de ser injustamente denunciados. Prueba suficiente de que se implementan medidas pensadas con falta de criterio y demasiado aptas para quienes tienen intenciones de joder al prójimo (si eres mujer, claro). Ahora la pregunta es: ¿Ayudaría este fantástico curso sobre masculinidad saludable? No hace falta que responda. Los movimientos antifeministas tampoco son la respuesta pero es una respuesta que tiene cierto sentido dadas las circunstancias. Quienes hace ya años empezaron a «defender los derechos de las mujeres» a su manera ahora recogen los frutos. Ellos tienen miedo. Ellas sienten que ellos no dan la talla y nadie es suficientemente bueno. Lo que un hombre valora en una mujer y viceversa no se puede apreciar por ninguna de las partes ya, y me da miedo por todos ellos, los que están en etapa de jueves noche cubata en mano. Yo he tenido la suerte de crecer en una temporada en la que no era necesario salir de marcha con un contrato en mano a firmar por ambas partes en caso de querer iniciar negociaciones, y todo era estupendo. Supongo que en mi ignorancia, después de todo, no veo el objetivo final de todo este plan, pero si es que haya más perros y menos niños mientras el IQ sigue descendiendo sin remedio, vamos muy, pero que muy bien.
Total, que la masculinidad saludable siempre estuvo ahí. ¿Existía el machismo? Por suspuesto. El machismo genuino y ancestral aun está por ahí presente en algunos señores de setenta u ochenda años en su mayoría que no hicieron la cama en su vida, pero sobre todo, que creen que deben ser más que su señora, quien debe estar a su servicio. Luego hay otro más radical y reguetonero en alguna juventud, aunque dudo que sea algo mayoritario. Pero quien crea que debemos luchar contra ese monstruo a día de hoy, que sepa que solo hay algún que otro diablillo menor por ahí. Todo esto es propaganda para sacar votos y pequeñas mordidas por estos cursos tan instructivos. Todo se reduce, como comenté, a educar debidamente. No os traguéis que este curso es necesario de verdad, porque me apuesto un pie a que el temario y la exposición serán tan truños como aquel al que asistí en el colegio que pintaba ser la solución a los problemas de tratar con menores. Cada consejo de la chica que impartía el curso (claramente sin niños) suscitaba en mi cabeza un «si, venga» después de años metido de lleno en la materia. La versión en vivo de los libros de autoayuda.
Lo que siempre ha estado ahí es el eterno debate entre si los hombres somos simples y las mujeres demasiado complicadas. Este movimiento de reeducación quizás pretenda romper esa tensión que no se pueda (o deba) erradicar. Es la dualidad que nos mantiene vivos como especie. Como las guerras entre Madrid-Barça y otros rivales históricos, o como Coca-Cola vs Pepsi o Colacao vs Nesquik. Yo solo espero que quien quiera que haya hecho caja con este movimiento esté satisfecho ya, y podamos pasar a otro sinsentido distinto, y eso puede que sean los temas asociados a la inmigración. Me temo lo peor. Va a caer un curso cualquier día titulado «Aceptación e integración tolerante y respetuosa, eco-sostenible, y con perspectiva de género de nuevas adquisiciones internacionales«. Suena bien ¿verdad? costaría unos 60k, pero por desgracia, nada cambiaría después.




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